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El peor día de tu vida

Alfonso Jaramillo | | Artikel drucken
Lesedauer: 3 Minuten

El peor día de tu vida - Alfonso Jaramillo

El peor día de tu vida, aquel viernes en el que el tiempo sufrió un ataque de catalepsia – te enteraste de eso el sábado siguiente en el periódico.

Estabas listo, llevabas el traje deportivo -como cada viernes- y apenas te habías despegado de la silla fatigada de tus secas posaderas. Quince minutos antes de lo establecido para la salida, tus manos apoyadas sobre el filo del escritorio, pronto estarías jugando fútbol con tus colegas de la „office“. Chuta, quedaste inmóvil ahí, en una posición indefinida que no sugería si te sentabas o levantabas.

Todo se detuvo menos la mente, no puedes decir o saber (nadie lo puede) cuánto duró pues al tiempo le dio catalepsia y se hizo el muerto. Lo cierto es que duró lo suficiente como para que sufras con la idea de eternizarte allí, en tu puesto de trabajo.

Sí, cierto que ese escritorio al que quedaste apoyado te proporcionaba poder, edor de importancia cada vez que alguien venía para que coloques algún sellito verdoso y tu rayón en un papel. Cierto, Señor de los Sellos, pero tú no querías quedarte ahí, por lo menos solo y en esa actitud pendeja, híbrida, entre sentado y parado. Si por lo menos hubieses dejado que entre esa señora a la que cerraste majestuoso la puerta en la cara, ahora estarías mirando a un lado en actitud arrogante divagando entre si la señora se merece o no el sellito verdoso. Sí, hubiera sido maravilloso quedarte eternizado en esa actitud magnánime – le pongo o no le pongo el sello-, pero no, ahora te ibas a eternizar al filo del escritorio, ni sentado ni parado, ni fu ni fa, como siempre, para siempre.

El tiempo fue sacado, a Dios gracias, de la catalepsia, imprimiste fuerza en tus brazos pero en lugar de levantarte te dejaste caer en la silleta, aterrado por la eternidad que acababa de amenzar.

Frunciste la boca, metiste el meñique (el índice no porque estaba manchado con tinta verde) a la nariz y extragiste una bolita que fue a parar en la madera interior del escritorio. Imaginaste eternizarte en semejantes menesteres – !con el meñique sucio!- y te levantaste presuroso para comentar con tus colegas acerca de lo sucedido.

Die deutsche Übersetzung finden Sie hier.

Bildquelle: Quetzal-Redaktion, gt

1 Kommentar

  1. Nacha sagt:

    Hallo Luis Alfonso
    Wir haben uns in Quito kennen gelernt. Nosotros Estudiamos en la Universidad.
    Si me gustaría hablar contigo sobre literatura y tus cuentos.

    e-mail: mag.mina_stoettner@yahoo.at
    Liebe Grüsse
    Nacha

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