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Alguién que murió [Erzählung]

Léster Benjamín Páez Cruz | | Artikel drucken
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Murió y poco o nada comentaron los vecinos y las vecinas y quiénes le conocieron, con excepción de un vecino curioso cuya lengua la tiene muy larga.

Murió de cáncer en el hígado y nadie o ninguno de los vecinos se enteró de su padecimiento; y, cosas de la vida, él no fue bebedor, alcohólico, tal tumor maligno (canceroso) que le llevó la vida a término tuvo origen hereditario, esto es: fue “la consecuencia de mutaciones germinales en genes concretos que incrementan la susceptibilidad para padecer cáncer”1[i]; realidad fue: su abuela materna murió también a consecuencia de un cáncer hepático.

Murió y ninguno de los vecinos y las vecinas y quiénes le conocieron asiste al entierro, ni siquiera se enteraron de la fecha fijada para poner sus restos de debajo de tierra.

Meses atrás hubo cumplido los cincuenta y cinco años de edad.

No tenía mujer, le tuvo empero ella le abandonó años atrás después de vivir juntos poco menos de veintidós años, se hubieron casado jóvenes, él contó veintrés y ella veintiún años, siendo estudiantes, ella de abogacía y él de romanística; según se comentó, él la trató con menosprecio en los años últimos de la vida conyugal, si bien en la vida pública se esforzó por mostrar lo contrario; esto es: el trato suyo hacia ella fue apreciativo. La pregunta del millón fue: ¿por qué la mujer le aguantó el menosprecio tanto años? Ella calla, y lo más probable es que ni ella sabe la causa del cambio de comportamiento de él hacia ella: no conversaron sobre el asunto; él le dijo un día que la vida en común hubo terminado, oírle tal revelación le humilló, y le pareció que el suelo se le hundió bajo los pies ipso facto; más tarde, habiéndose recuperado del choque, optó por irse del apartamento para siempre, si bien le quería; y ¿la quería él?, ella no se lo preguntó, consideró que el hombre con quién estaba casada no le tenía amor ya, caso contrario no le hubiese manifestado la conclusión de las relaciones maritales.

Ella y él no tuvieron hijos e hijas; él supuso que era machorro mas no le interesó comprobar si era un ser estéril, infructífero por medio de un examen de fertilidad masculina, y ella no se ocupó con el tema, quizá porque no tuvo una inclinación del ánimo hacia la maternidad, y le fue igual que no tuviesen descendientes.

Ella y él se separaron por vía judicial y ante un juez, y fue un divorcio por consentimiento mutuo, es decir: fue un proceso por medio del cual se divorciaron sin necesidad de dar a conocer los motivos por los cuales decidieron que un juez competente les disolviese el matrimonio, con cese efectivo de la convivencia conyugal, por sentencia, respetando así cada quién la privacidad e intimidad. Ella vive en concubinato desde hace varios años con un fagotista miembro de la orquesta sinfónica de la Casa de Música de la ciudad pelón y de abundantes carnes y poco más o menos diez años menor que ella que le idolatra, a quién ella ni ama ni idolatra mas le aprecia por todo lo que es él para con ella; y mantiene las relaciones amistosas de los ayeres y agregó a ésta los familiares y amistades del fagotista que es un admirador pasional del alemán compositor, músico, director de orquesta, maestro de capilla, cantor y maestro del barroco Johann Sebastian Bach (Eisenach, Sacro Imperio Romano Germánico, 21.mrz.jul./31.mrz./1685greg. – Leipzig, Sacro Imperio Romano Germánico, 28/jul./1750), de cuyas cantatas sacras oye una cada día; y ella se acostumbró oír la composición poética musical religiosa bachiana, y confiesa que algunas de esas cantatas sacras le encantan inconmensurablemente. Él no volvió a tener una relación sentimental con una mujer, visitó tres ramerías discretas de la ciudad con regularidad; y ni se interesó en cuidar las relaciones amistosas que tuvo hasta que la mujer le avisó que se iba del apartamento ni se procuró nuevas amistades. Fue un ser solitario los años últimos de vida.

Ella se enteró de la muerte del ex esposo mas no asiste al entierro, hubieron acordado que no asistirían al sepelio, ella al de él, si él moría primero, y él al de ella, si ella moría primero; y desde que se separaron por ley y conforme a ésta, ni le volvió a ver ni tuvo contacto con él de ningún tipo. Naturalmente, se acordó del ex cónyuge cuando tuvo conocimiento de su deceso. Le trajo a la memoria aquella vez en que le conoció en el club universitario y se atrajeron, conversaron, bebieron cervezas y amanecieron en la cama de él en el cuarto del internado estudiantil y tuvieron cópulas sexuales día por día durante tres meses y resolvieron casarse justamente seis meses luego de haberse conocido y estar copulando de modo activo y con gusto; sí, ella y él se quisieron, y le quería todavía pese a los años transcurridos desde que salió del apartamento conyugal con sus maletas y cerró la puerta de éste tras de sí para jamás regresar: él fue su hombre, y sería su único hombre, reconoció.

Se le entierra; y solo asisten los enterradores contratados por la funeraria, el orador de funeral treintañero delgado y alto [1,81 m], quién tuvo la responsabilidad de narrar tres mentiras fantasiosas sobre él, y una mujer cuadragenaria brandeburgesa cabello corto rojo claro, algo corpulenta y de baja estatura en representación de la Unión para la Conservación de la Naturaleza y el Medio Ambiente, asociación inscrita en el registro de sociedades, que heredó todo lo que él poseía: una casa con doce apartamentos, dinero y acciones; él dispuso la ausencia de la gente que le conoció o con quién tuvo amistad en ayeres, y la presencia de la mujer de la asociación registrada no la consideró cuando dispuso de la última voluntad notarialmente.

¿Por qué no le heredó un centavo a la ex esposa?

Ella recibió la mitad de lo que él poseyó al contado cuando se llegó a término la separación legal; si bien ella jamás dependió económicamente de él en tanto vivieron cual cónyuges, trabajó, y aun trabaja ejerciendo su profesión en el Registro Civil cual asesora técnica jurídica.

¿Por qué le heredó todo lo que él poseía a tal asociación inscrita en el registro de sociedades de la ciudad?

La junta directiva de la asociación registrada se sorprendió de la herencia: él ni fue miembro de la organización ambiental ni tuvo algún tipo de contacto con ésta. Nadie supo si él mostró interés por el cuido de la naturaleza y el medio ambiente en público, mas es posible que se preocupó por el problema de la destrucción irracional de la naturaleza y el medio ambiente en privado.

Llega el enterramiento a fin, y la mujer cuadragenaria cara cuadrada, ojos azules claros y nariz giba nasal (protuberante) se despide de inmediato de los enterradores y el orador fúnebre cara larga, ojos castaños claros y nariz chata, y éste de aquéllos.

La mujer glúteos redondos con caderas y piernas anchas y cortas se apresura por abandonar el camposanto porque tiene una cita extramatrimonial y cuenta con poco tiempo para llegar puntual al establecimiento público donde quedó de encontrarse con el amante quincuagenario bávaro para tomar el almuerzo y luego ir a un hotel cercano al restaurante para juntarse carnalmente; y llega a la parada de tranvías y opta por llamar por el teléfono celular al hombre casado y padre de familia que representa sus deseos sentimentales y carnales desde hace poco menos de dos años y medio para informarle que es probable que llegue con retraso a la cita. El orador fúnebre ve a la mujer representante de asociación inscrita en el registro de sociedades que se presura para salir del cementerio en tanto él camina despacio para el portón de salida y entrada del terreno cercado destinado a enterrar cadáveres. Ve el plan personal de actividades en el teléfono móvil, para tener presente las tareas propias que tiene que realizar en el tiempo siguiente: visitar a la viuda octogenaria doña Dorothea Sihler-Meyer para oír de ella la información necesaria para la elaboración del discurso personal y apropiado sobre su difunto esposo, ir a recoger tres urnas funerarias al crematorio con los restos de los clientes que serán enterrados el día siguiente y llevarlas a la funeraria, acto seguido trasladarse con la urna contenedora de las cenizas del cadáver humano para cuyas exequias se fijó el inicio a las 3:30 PM, de ese cliente preparó un discurso fenomenal pues la familia le facilitó información abundante, parte de la cual le pareció ficción; bueno, el difunto fue profesor universitario y vate, y vate “de los pies a la cabeza”, según oyó de un nieto de éste, y ríe con gusto; y asistir al curso de entrenamiento de parejas durante el embarazo (6:30 PM); y aunque no lo escribió en el plan de actividades, tiene que ir al supermercado a comprar la lista de víveres y demás que le solicitó la esposa la noche de ayer en virtud de actividades laborales extras que le imposibilitan la realización de las compras a ella este día; y dice para sí, que comprará un sándwich y un café en una cafetería después de que termine la visita de trabajo donde la señora octogenaria viuda Dorothea Sihler-Meyer y guarda el teléfono móvil.

Atrás quedan los enterradores ocupados con las tareas últimas de sus quehaceres, luego tendrán tiempo libre ya para almorzar, ya para conversar entre sí, ya para leer, ya para llamar por teléfono celular a alguién, y a continuación de la pausa de almuerzo y descanso volver a ejercer sus labores de sepultureros.

(2009)

 


 

Notas

[i] “El Cáncer Familiar y Hereditario.” Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). www.cnio.es/investigacion-e-innovacion/servicios/cancer-familiar/el-cancer-familiar-y-hereditario/ Internet-Ressource.

 

Bildquellen: [1-2] Quetzal-Redaktion, gt

 

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